Durante mucho tiempo, las conversaciones sobre innovación agrícola estuvieron concentradas en producir más: nuevas variedades, mayor mecanización, mejores sistemas de riego y tecnologías capaces de aumentar la eficiencia.
Ahora, una parte importante de esa conversación está volviendo al punto de partida de toda producción agrícola: el suelo.
El 14 de julio de 2026, el Ministerio de Agricultura anunció una alianza público-privada de US$39,2 millones para extender prácticas agrícolas y ganaderas regenerativas en Chile.
La iniciativa se implementará entre 2026 y 2030 y reunirá a más de 30 organizaciones del sector público, privado, financiero, académico y social. Será liderada por el Ministerio de Agricultura, a través de Odepa e Indap, con asistencia técnica de la FAO y financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial.
Pero ¿qué significa realmente hablar de agricultura regenerativa y por qué está atrayendo financiamiento?
¿Qué es la agricultura regenerativa?
La agricultura regenerativa no corresponde a una técnica específica ni a una receta idéntica para todos los campos.
Es un enfoque productivo que busca recuperar y fortalecer los sistemas naturales que sostienen la agricultura, especialmente el suelo, el agua y la biodiversidad.
Dependiendo del cultivo, el clima y las características del terreno, puede incluir prácticas como:
- mejorar la cobertura y el manejo del suelo;
- reducir la erosión;
- utilizar los nutrientes de manera más eficiente;
- diversificar las rotaciones cuando el sistema lo permite;
- incorporar materia orgánica;
- proteger fuentes y cursos de agua;
- integrar mejor los residuos productivos dentro de la operación.
El proyecto de la FAO para Chile también considera el mejoramiento del manejo de suelos, la diversificación productiva y el uso circular de nutrientes, manteniendo como objetivos la productividad y los ingresos de las comunidades rurales.
La idea central es sencilla: no se trata solamente de extraer producción del campo, sino de conservar y mejorar las condiciones que permiten que ese campo siga produciendo durante el tiempo.
El suelo también es infraestructura productiva

Cuando pensamos en infraestructura agrícola, normalmente imaginamos sistemas de riego, maquinaria, caminos, plantas de procesamiento o instalaciones de almacenamiento.
Sin embargo, el suelo también cumple una función productiva esencial.
Su condición influye en la capacidad de almacenar agua, sostener raíces, entregar nutrientes y responder frente a condiciones climáticas menos favorables.
Un suelo con problemas de erosión, compactación o pérdida de materia orgánica puede requerir más recursos para mantener su productividad. Por eso, su cuidado no es únicamente una decisión ambiental.
También puede convertirse en una decisión económica.
La noticia oficial señala que cerca de la mitad del territorio chileno presenta algún grado de degradación de suelos. Frente a este escenario, la nueva iniciativa busca generar información sobre qué prácticas pueden funcionar productiva y económicamente bajo distintas condiciones agrícolas del país.
Una inversión para probar, medir y escalar
El programa contempla pilotos en al menos 40 predios, distribuidos entre las regiones de Coquimbo y Aysén.
Estos abarcarán ocho rubros:
- fruticultura;
- vitivinicultura;
- olivicultura;
- cereales;
- hortalizas;
- producción de leche;
- carne bovina;
- ganadería ovina.
En total, el proyecto espera incorporar 26.509 hectáreas bajo manejo regenerativo y beneficiar directamente a 2.170 personas. También busca generar evidencia validada en nueve regiones del país.
Este componente resulta especialmente importante.
La agricultura regenerativa no debería entenderse como una etiqueta que puede aplicarse de igual manera en cualquier campo.
Las prácticas apropiadas pueden variar según:
- el tipo de cultivo;
- las condiciones del suelo;
- la disponibilidad de agua;
- el clima;
- el nivel tecnológico;
- los costos de implementación;
- el conocimiento del equipo operador.
Por eso, los pilotos buscarán medir resultados bajo condiciones reales antes de extender las prácticas a una escala mayor.
De la sostenibilidad a la competitividad
Uno de los elementos más interesantes del anuncio es que la agricultura regenerativa no se presenta únicamente como una iniciativa ambiental.
También se vincula con competitividad, productividad, acceso a financiamiento y respuesta a las exigencias de los mercados internacionales.
La FAO plantea que la transición debe permitir mejorar la salud del suelo, proteger la biodiversidad y aumentar la resiliencia climática, pero manteniendo la productividad y los ingresos rurales.
Esto cambia la forma de entender la sostenibilidad agrícola.
Ya no se trata solamente de reducir impactos.
También se trata de proteger la capacidad que tiene un activo productivo para seguir generando valor durante los próximos años.
Organismos internacionales y compañías agrícolas están avanzando en prácticas relacionadas con:
- eficiencia hídrica;
- cobertura de suelos;
- manejo de nutrientes;
- adaptación climática;
- biodiversidad;
- monitoreo de indicadores productivos y ambientales.
El Banco Mundial ha señalado que las inversiones en salud de suelo, conservación de agua y agricultura sostenible pueden fortalecer la adaptación frente a eventos climáticos y la continuidad de las operaciones agrícolas.
El desafío está en financiar la transición
Cambiar la forma en que se administra un campo puede requerir inversión.
En algunos casos se necesita asesoría técnica, maquinaria distinta, medición de suelos, nuevos insumos, sistemas de monitoreo o un período de adaptación antes de observar resultados.
Por eso, el proyecto chileno incluye el desarrollo de mecanismos de financiamiento como una de sus principales líneas de trabajo.
De los US$39,2 millones anunciados, US$6,6 millones provendrán del GEF y US$32,5 millones corresponderán a cofinanciamiento público y privado nacional. En la práctica, cada dólar aportado por el fondo internacional movilizará cerca de cinco dólares adicionales dentro de Chile.
El financiamiento es una discusión central a nivel internacional.
Un análisis publicado por Rabobank en junio de 2026 sostiene que mejorar la salud del suelo puede generar valor para productores, propietarios, instituciones financieras y la sociedad. Sin embargo, adoptar nuevas prácticas requiere recursos y todavía existe una pregunta abierta sobre cómo se distribuyen esos costos entre agricultores, compradores, bancos y gobiernos.
La nueva alianza chilena intenta abordar precisamente esa brecha: generar evidencia, reducir incertidumbre y crear condiciones para que más productores puedan implementar cambios sin asumir solos todo el costo de la transición.
¿Por qué esto importa para la agricultura chilena?
Chile ha construido parte importante de su desarrollo agrícola sobre la capacidad de producir alimentos de calidad y abastecer mercados internacionales.
Para mantener esa posición durante las próximas décadas, no basta con aumentar la superficie o incorporar tecnología.
También será necesario proteger los recursos que permiten que la producción exista.
Eso significa administrar mejor:
- el suelo;
- el agua;
- la biodiversidad;
- los insumos;
- la infraestructura;
- la información productiva.
La inversión anunciada muestra que esta discusión está comenzando a pasar desde los estudios y proyectos aislados hacia una estrategia de mayor escala.
El valor de producir a largo plazo
La agricultura regenerativa todavía debe demostrar qué prácticas son más efectivas y económicamente viables para cada territorio y sistema productivo.
Precisamente por eso, la iniciativa chilena pondrá el foco en medir resultados reales.
Pero la señal ya es relevante.
El suelo está dejando de considerarse únicamente como el lugar donde se instala un cultivo.
Cada vez más, comienza a entenderse como parte central del valor productivo del campo.
En una actividad que se desarrolla durante años y, muchas veces, durante décadas, cuidar la capacidad productiva del activo no es un elemento secundario.
Es parte de la estrategia de largo plazo.
Fuentes consultadas
- – Oficina de Estudios y Políticas Agrarias, Odepa, “Chile invertirá USD 39 millones en una alianza público-privada para masificar la agricultura y ganadería regenerativa”, 14 de julio de 2026.
- – FAO, proyecto “Scaling-up Regenerative Practices for the Recovery and Improvements of Soils, Biodiversity, and Associated Ecosystem Services in the Chilean Agricultural Sector”, actualizado en 2026.
- – Rabobank, “How to Unlock the Green Potential of the Agricultural Sector”, junio de 2026.
- – Banco Mundial, “Building Climate-Ready Food Systems: Private Sector Solutions in Agriculture”, 2026.

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